Manifiesto escrito por la alumna Mª Isabel Montaña Alba (4º ESO A)

En Españala violencia de género es una realidad social muy dura. A pesar de todos los avances en la lucha por la igualdad de género, los casos de abusos y malos tratos psicológicos, verbales y físicos, de muchas personas hacia sus parejas o exparejas siguen siendo muy elevados.

La violencia contra las mujeres desaparecerá cuando las mujeres dejen de ser ciudadanas de segunda y participen de forma igualitaria en la sociedad. Desaparecerá cuando dejen de estar a la cabeza de las listas de desempleo o de sufrir la infravaloración de sus trabajos. Desaparecerá cuando se deje de usar su imagen como objeto de consumo, cuando sus palabras se oigan con el mismo volumen y valor que las de los hombres, la violencia de género desaparecerá  cuando se las nombre y se las visibilice en todos los espacios sociales. Desaparecerá cuando exista una verdadera educación no sexista donde las niñas  y los niños tengan un presente y futuro con las mismas posibilidades.

 

En nuestro instituto se promueve una educación igualitaria para ayudarnos a que desaparezca la violencia de género. Hagamos un mundo libre de cualquier tipo de violencia, no más muertes, no más maltratos, no más insultos ni palabras más altas que otras…….

 

¡NO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO!, ¡SÍ A LA IGUALDAD!

 

Manifiesto escrito por la alumna Alicia García García (2º Bachillerato A)

Bajas, altas. Con curvas o sin curvas. Cabellos morenos, rubios, teñidos o sin cabello. Pechos grandes, pechos caídos, sin pechos, pechos con estrías o pechos pequeños. Semblante perfecto, con pecas, cicatrices o manchas. Con gafas o sin ellas. Con ortodoncia o sin ella: sonrisa de revista o no tan perfecta. Piel dorada, blanquecina, piel de naranja o de porcelana. Maquilladas o sin maquillar. Escote o cuello alto. Falda o pantalón.

 

¿Seremos capaces de deshacernos de esos cánones de belleza que limitan nuestra libertad? Cierto es que no somos perfectas, no hemos nacido para serlo. Ni nosotras, ni nadie. Somos mujeres: personas de carne y hueso, con sentimientos, con derechos, con gustos y aficiones, con miedos e inseguridades. Y no, no por ello somos menos. No por ello debemos ser agredidas, ni física ni psicológicamente, no hay justificación alguna: no hemos nacido para sufrir, hemos nacido para vivir. Para vivir sin miedo al caminar solas. Para vivir sin miedo a ningún hombre, ni a ninguna de sus reacciones. Para vivir sin miedo a luchar por lo que es nuestro. Para vivir sin miedo y para vivir libres.

 

Y bien sabemos que la sociedad lo ha puesto todo en nuestra contra, exponiéndonos a situaciones de verdadero pánico, a grandes injusticias y desigualdades. Hasta las mismas mujeres han y hemos tenido actitudes machistas; pero, por favor, deshagámonos de estas. Valorémonos. Abandonemos la idea de que somos inferiores al sexo masculino: nuestra naturaleza no determina nuestro valor. Me refiero a nuestro valor, pero también podría referirme al cielo entero, porque es de todas nosotras.

 

Y, no quiero ignorar a los hombres, porque también gracias a la ayuda de algunos de ellos hemos conseguido avanzar notablemente en nuestra lucha por la igualdad. Pero, lo siento, vuestros derechos han estado concedidos desde el principio, a diferencia de los nuestros; y, a decir verdad, muy pocos de vosotros han sentido miedo de una mujer, o se han sentido incómodos ante los piropos de un grupo de mujeres mientras caminaban solos hasta sus casas. Por eso, permítanme decirles que ha llegado nuestro momento: no somos sumisas de nadie, por tanto, no vivimos por y para nadie; nuestro cuerpo no tiene precio, por lo que no se puede negociar con él; tampoco somos el sexo débil, ni el dulce o delicado, por lo que no nos determina el color rosa ni las faldas; ni mucho menos somos objetos sexuales de los que te tengas que aprovechar.

 

Así que, no pongan límites a nuestra expresión, porque NO, calladitas NO estamos más guapas. No nos llamen feminazis, no nos comparen con asesinos por defender nuestros derechos, los derechos de la mujer, los que no se nos han brindado desde el principio. Y, por supuesto, dejen de prepararnos para evitar situaciones machistas, empiecen por eliminarlas por completo. Dejen de hacernos culpables de la situación porque NO, NO provocamos las violaciones. Y hablen con propiedad, porque por la violencia de género, no nos morimos, nos matan. Y no es nuestra culpa.

Y sí, machista que impide el desarrollo de la sociedad, te dedicaré unas palabras. Tú, sí tú: el que está manchando la palabra mujer; el que nos trata como a algo y no como a alguien. Estás aquí gracias a una mujer. Solo, te voy a pedir una cosa: RESPÉTANOS. Porque somos personas y, por raro que te parezca, somos exactamente iguales que tú.

 

Manifiesto escrito por la alumna Clara Izquierdo Serrano (4º ESO A)

Imagina vivir con miedo. Imagina levantarte cada día sin saber si será el último. Imagina llegar a un punto en el que no sabes qué te duelen más: las heridas físicas o las psicológicas. Imagina que te destrozan la vida.

 

Todo empieza como algo normal, o eso piensas. Los celos son algo natural, incluso bueno: significa que tu pareja te quiere, o eso nos han dicho siempre, ¿no? Por ello, accedes a darle a tu novio todas y cada una de las contraseñas de tus redes sociales, total, no tienes nada que ocultar. Pasa el tiempo y, poco a poco, te empieza a controlar los “me gustas”, comentarios, seguidores, con quién hablas… Al principio no lo entiendes: no hay nada de malo en tener amigos, pero después él hace que te des cuenta de que vosotros también empezasteis así y ahora él solo quiere que seas suya. Está locamente enamorado de ti.

 

Decides alejarte de tus amistades de toda la vida, aquellas que te decían que iban a estar contigo siempre. ¿Cómo pueden ser tan envidiosas? No entiendes por qué no aceptan tu relación si estás más feliz que nunca. Hablas con tu novio y te dice que ellas solo son una mala influencia que no quieren tu felicidad, algo que él sí hace. No te importa perderlas, teniéndolo a él nada más te hace falta.

 

Pasa el tiempo y estáis mejor que nunca, pero poco a poco él se aleja. No lo entiendes y le pides explicaciones, ¿qué estás haciendo mal? Te dice que no le das lo que él necesita, que quiere algo más en una chica. Y aquí viene la primera violación. Accedes, aunque no estás muy segura. Solo tienes 14 años y crees que es demasiado pronto, pero estás tan enamorada que sabes que merecerá la pena. Solo quieres que acabe ya. No estás muy contenta con lo que ha pasado y te sientes mal contigo misma, pero no le das mucha importancia: solo querías que él disfrutase.

Unos días después, una de esas amigas a las que decidiste dar de lado te habla. Te cuenta que tu novio está con otra chica y te enseña pruebas. Te agobias y no lo entiendes, tiene que haber alguna explicación. Hablas con él, te promete que nunca más volverá a hacerlo y te dice que solo te quiere a ti. Tu antigua amiga te vuelve a decir que tengas cuidado con él porque después de perdonar la primera infidelidad las demás vienen seguidas. Te enfadas con ella más que nunca, has decidido darle una oportunidad a pesar de haber intentado separarte de tu novio y aún así vuelve a malmeter contra él. Decides marcharte de allí, sin saber que te arrepentirás.

Después de algunas semanas discutes con él. Es algo sin importancia, pero no sabes cómo ni por qué acabas tirada en el suelo con la nariz sangrando y llorando. No lo entiendes, no cabe en tu cabeza cómo alguien que te quiere es capaz de hacerte esto. Quieres acabar, sabes que te costará pero es necesario: vivir así no es vivir.

 

Pero esto no acaba aquí. Decide buscarte por todas partes: va a la puerta de tu casa, a la de tu instituto, a la del bar en el que sueles cenar con tus primas… Te cansas y decides hablar con él, quizá haya cambiado. Te promete que nunca volverá a pasar y te jura que esta vez todo será diferente. “¡Cuánto me quiere!” piensas, pobre de ti que no te das cuenta de que va a ser igual o peor.

 

A tu familia le cuesta aceptar la idea de que hayas vuelto con él porque se dan cuenta de lo mucho que has cambiado estando con él: ya no te pones esa minifalda negra que tanto te gustaba, ni esa blusa con transparencias que tanto ansiaste, por no hablar de los tacones negros que siempre le robabas a tu hermana.

 

Más adelante las discusiones siguen, y esta vez ya no es solo un puñetazo. Cada vez son más y más. Los moratones son más oscuros y tu maquillaje no los puede tapar, las heridas más visibles y cada vez el verano está más acerca: no vas a poder ocultar todo eso bajo todas tus capas de ropa. Además, te fuerza más y más. Tienes que estar dispuesta a hacer lo que él quiera cuando él quiera. Te sientes mal, cada vez duermes menos y te odias más. Quieres salir de ahí pero no sabes cómo.

 

Sin duda alguna, lo peor aún no ha llegado. En una de vuestras discusiones termináis en mitad del campo. Es viernes por la noche y estáis lejos de la ciudad. Estáis en su coche cuando de pronto se levanta y te saca del coche por los pelos. Comienza a pegarte puñetazos, patadas, golpes, tirones de pelo… Cada vez te duelen más, sangras más y piensas que aquí ha llegado tu final. Te acuerdas de tus amigas y tu familia, quienes te avisaron y a quienes decidiste ignorar. Finalmente caes rendida al suelo y cuando crees que ya ha acabado todo, oyes que se desabrocha el cinturón del pantalón. Y lo vuelve a hacer. En ese momento no sientes nada, no gritas, no lloras. Solo quieres que acabe ya y se marche. Y lo hace, dejándote tirada en mitad de ninguna parte con el móvil sin batería. Decides correr hasta que tus piernas te lo permiten. Lo siguiente que recuerdas es despertar en un hospital.

Por suerte, esto no está inspirado en mí ni en nadie que conozca, pero es una realidad que sucede día a día. En lo que llevamos de año,  alrededor de 50 mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas y 5 hijos e hijas. Además, cada minuto se producen tres violaciones alrededor del mundo. ¿Es realmente este el mundo que queremos para nuestros hijos e hijas?

 

Manifiesto escrito por la alumna Dariana Udrea  (4º ESO B)

Cada vez que se habla sobre la violencia de género hay una pregunta que siempre se repite: ¿por qué la violencia de género solo engloba a las mujeres, qué pasa con los hombres? Es fácil malinterpretar las cosas y más cuando las vemos con los ojos que la sociedad nos ha dado, la violencia de género afecta a las mujeres por el simple hecho de serlo, por considerar que la mujer es inferior y debe permanecer por debajo del hombre. La violencia de género no respeta la dignidad de la mujer y le impide ser libre. Estas dos condiciones son derechos humanos, por lo que, ¿realmente estamos respetando los derechos humanos? ¿Somos tan correctos como decimos ser?

 

Si pausamos un momento nuestras ajetreadas vidas y miramos a nuestro alrededor nos damos cuenta de que vivimos en una sociedad patriarcal, en la que los salarios no dependen de tu formación o de tu productividad sino de tu género. En la que se enseña a las niñas a tener cuidado en vez de enseñar a los niños que todos somos iguales, en vez de dar a los niños una educación basada en el respeto sin importar quién sea la otra persona.

 

Cuando alguien nombra la palabra violencia de género nuestro cerebro lo asocia a golpes, abuso sexual y muerte. Pero la violencia de género también son las discusiones, humillaciones o insultos. El daño puede ser económico, físico, sexual o psicológico. El proceso por el que pasa una víctima de violencia de género en su recuperación, ya sea psicológico, físico o económico,  es un proceso largo, duro y realmente nunca termina.

 

Las mujeres que sufren o han sufrido violencia de género llegan a pensar que son inferiores, que su vida no vale lo mismo que la de su agresor, que deben aguantar por sus hijos, les da miedo el qué dirán, les da miedo esta sociedad que las prefiere muertas antes que libres. Parece que este problema está solucionado pero realmente no lo está y no lo estará hasta que dejemos de morir por defender lo que es justo, por defender nuestros derechos y por defender la libertad que todo ser humano merece.

 

Una mujer puede no haber sufrido violencia física pero las marcas que deja este tipo de violencia la acompaña por el resto de su vida, son marcas que se llevan en el corazón y en la mente. Nadie merece vivir con miedo y, por supuesto, nadie merece morir por ser quien es. Hoy estamos aquí para hablar por quienes ya no pueden, por las que están silenciadas, por las futuras empresarias que merecen el mismo respeto que cualquier empresario, por las niñas y adolescentes que sufren los comentarios y desgraciadamente algunas los golpes que algunos padres excusan diciendo que son cosas de niños, por todas y cada una de las mujeres que se han sentido maltratadas o lo han sido alguna vez. Queremos que nuestra voz se oiga mucho más alto hoy, y dar un mensaje de apoyo a aquellas que tengan miedo para que sepan que no están solas, para que sepan que merecen respeto y que no importa lo difícil que sea, siempre habrá una persona dispuesta a intentar que dejen atrás sus marcas y sus sombras.

 

Estamos hartos de escuchar la radio y que se hable de víctimas de violencia de género, de poner la televisión y ver asesinatos de mujeres, pero lo que no vemos en el telediario son medidas reales, no vemos que el gobierno y nosotros mismos pongamos de nuestra parte para cambiar esta realidad. Parece que con guardar el famoso minuto de silencio estamos ayudando a las víctimas. Y NO, necesitamos centros que se especialicen en estos casos, a los que podamos acudir si tenemos algún problema. Necesitamos gente implicada que ayude a las víctimas, psicólogos y psicólogas que valoren si estás sufriendo violencia de género para frenarlo antes de ser otra noticia más que caerá en el olvido hasta que vuelvan a decidir que nuestras vidas no son importantes, empresas que den oportunidades a las mujeres sin recursos para volver a entrar en el mercado laboral, abogados y abogadas que asesoren a las víctimas en la vía legal. Pero para conseguir todo eso es necesario un pueblo concienciado y un gobierno que deje el postureo y prevenga en vez de tener que curar.

 

La lucha contra la violencia de género ha sido y es difícil pero a vosotras y vosotros os digo que no dejaremos de luchar hasta ver un mundo justo y una sociedad que nos ayude y nos dé de ser libres y expresarnos sin miedo a lo que piensen los demás.

 

Manifiesto escrito por la alumna Carmen Rodrigo Lomas (2º Bach A)

Amor, esa palabra que muchos confunden con control, obsesión o posesión. Una confusión que desemboca en abuso y violencia. Una confusión que nos hace sentirnos débiles y culpables. Tristemente, una confusión que nos mata. Duele escucharlo, ¿verdad? Pues es la realidad. Esos individuos que confunden el amor son los mismos que nos dicen que nos quieren, que lo hacen por nosotras, por nuestro bien, que nos cuidan porque en el fondo nos consideran inferiores.

 

Esta consideración que tienen muchos hombres sobre nosotras es la raíz de lo que a día de hoy llamamos violencia de género o violencia machista, un tema que, desgraciadamente, no es novedoso, y que sigue presente a día de hoy haciéndose notar en el ámbito cotidiano y en los medios de comunicación. Las mujeres asesinadas por esta injusticia han sufrido lo inimaginable; tanto que en los últimos cuatro años en España ha habido 213 víctimas de violencia machista. No hay más que ver las estadísticas que muestran que en años como 2008 o 2010 el número de víctimas superaba las 70. Y así, podríamos seguir dando cifras que evidencian esta realidad que vivimos las mujeres diariamente.  De hecho, por ello estamos aquí, para denunciar y condenar cualquier tipo de violencia que se ejerce sobre la mujer, ya sea maltrato físico, abuso verbal, maltrato psicológico o abuso sexual.

 

Defendamos hoy el respeto y la libertad, la igualdad entre hombres y mujeres que, tristemente, parece no haber existido nunca, y que muy pocos la llevan a su día a día. Consideremos a la mujer como un ser humano igual al hombre y que como tal merece ser respetada. Enseñemos a nuestros hijos a no pegar a niños ni a niñas, pero no a no pegar a niñas porque son niñas, sino a no pegar a niñas porque son personas.

Mujeres, amémonos, ayudémonos, la sororidad es un paso fundamental para continuar nuestra lucha y vencer la opresión a la que nos enfrentamos. Las mujeres no somos enemigas, de una manera u otra, todas sufrimos. Por tanto, mujeres, armémonos, iniciemos juntas esta revolución hacia una sociedad igualitaria, hagámonos visibles en todos los ámbitos.  Reconozcamos el valor de la lucha en este día MORADO, una lucha contra siglos de machismo y misoginia que han condicionado nuestro pensamiento y nuestra vida. Valoremos a todas aquellas mujeres que jugándose sus vidas consiguieron derechos que hoy disfrutamos, y todo esto gracias a la lucha feminista, una lucha que fue iniciada por ellas y que nosotras continuamos y continuaremos, contando con aquellos hombres  que crean en la igualdad.

 

Hombres, sed conscientes de lo que ha supuesto esta opresión para las mujeres y, consecuentemente, uníos a ellas. Sed autocríticos, cuestionad situaciones y cuestionad el sistema. La violencia de género no surge de la nada, sino que es fruto de una educación basada en estereotipos de género. Unos estereotipos que nos dicen cómo tienen que ser las niñas y cómo los niños. Esta manera de definir las metas y las expectativas de hombres y mujeres, ha llegado a tal extremo que a día de hoy un niño da por sentado que puede decidir sobre una niña, sin tener en cuenta las decisiones de esta, tratándola como un objeto y no como un sujeto que puede tomar decisiones por sí misma. En lugar de esta educación sexista, queremos una educación que nos trate como sujetos y no como objetos, que nos permita ser libres y no valientes. De este modo, algún día podremos caminar solas sin sentir miedo, seremos valoradas por nuestro interior y no por nuestro exterior y no tendremos la necesidad de ir acompañadas para sentirnos seguras. Se nos permitirá demostrar que nosotras también somos inteligentes, emprendedoras y creativas.

 

Es tan fácil como mirar de frente y ver la realidad. Una realidad llena de hombres que matan, hombres que violan. ¿Y lo triste? Lo triste es que en 2017 se siga considerando a la víctima culpable, que tengamos que demostrar que somos violadas para que se nos de credibilidad y que tengamos que ver cómo nos educan para denunciar mientras que nadie los educa para NO VIOLAR. Yo quiero continuar la lucha hacia  el respeto y hacia la igualdad. ¿Y tú? ¿Te unes?

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